martes, 13 de junio de 2017

MONTE DE SANTA TREGA O SANTA TECLA (PONTEVEDRA)


Visitar A Guarda y no subir al Monte Sta. Trega es como ir a París y no ver la Torre Eiffel. Este es, sin duda, uno de los puntos más emblemáticos de toda la costa gallega, no sólo debido a su incomparable situación geográfica sino también por su gran riqueza histórica y cultural.
Un promontorio que se localiza exactamente en la esquina suroeste de la comunidad gallega, justo en donde las aguas dulces del gran río gallego, O Miño, se mezclan con las saladas y bravas aguas del inmenso Océano Atlántico. Un lugar estratégico desde donde se divisaba y vigilaba la frontera del vecino país luso, que viene históricamente marcada por el río Miño. Se trata de una aislada elevación (343,9 m), que se sitúa al borde mismo de la confluencia de O Miño con el océano.
Desde su cumbre divisaremos 360 º de belleza paisajística que a buen seguro no dejará indiferente a nadie. O Miño en buen parte de su curso bajo, con todo el valle por el que discurre formado por España a un lado y Portugal al otro, las islas que se encuentran en el río, casi en tierra de nadie, como la de A Canosa, en la desembocadura de O Tamuxe, que casi se convierte en los años treinta del siglo pasado en un superaereopuerto militar (www.galiciasuroeste.info), dado a las cualidades del terreno de esta isla. El Gran Océano, con su inmesidad azul, la vista se pierde en sus confines, tan solo algunos islotes se atreven a desafiar los azotes del Atlántico, como A Ilha Ínsua, de pertenencia portuguesa por su proximidad, que se localiza justo en la salida del río hacia el mar. Sobre sus rocas se construyó un pequeño convento en el siglo XV que se convertiría un siglo más tarde en una fortaleza estrellada de uso militar. Sus muros albergan incluso un pozo de agua dulce para el abastecimiento de la tropa. Esta página, lo describe todo sobre sus piedras: http://vilapraiadeancora.blogs.sapo.pt/48341.html (en portugués). Hacia el norte, la hermosa costa pedregosa de A Guarda, con el Monte Torroso presidiendo la sierra (369 m). A los pies y al abrigo de la montaña se refugia la villa marinera de A Guarda. Para el sur veremos la costa más arenosa portuguesa, destacando el municipio de Caminha con el telón de fondo de A Serra da Arga.
Dos picos ocupan la cima de la montaña, el Monte do Facho (328 m) y de San Francisco. El topónimo “facho” define a una antorcha, por lo que es probable que el lugar fuera elegido para hacer señales de advertencia en siglos anteriores. Este topónimo se encuentra muy extendido por toda la costa de Galicia definiendo a diversas cumbres, como por ejemplo, O Facho de Donón, en Cangas.
Pero no sólo este monte contiene belleza y armonía paisajística. Hace más de tres mil años, los habitantes neóliticos eligieron este lugar. Desde aquella, hasta 300 años después de Cristo, estas cumbres estuvieron habitadas. Prueba de ello es la cantidad de petroglifos de la Edad de Bronce repartidos por el monte y sobre todo la existencia de uno de los poblados castrexos más conocidos y más emblemáticos de toda Galicia, el llamado, en castellano, Castro de Santa Tecla. Cerca de la cumbre se sitúa un museo que permanece abierto desde mediados del siglo pasado que muestra los descubrimientos y riquezas históricas encontradas en el lugar.
También su cima fue lugar de devoción desde tiempos inmemoriales, devoción que persiste hoy en día. Sobre sus rocas, los devotos construyeron entre los siglos XII y XVI la Ermita de Santa Trega en honor a su patrona. Probablemente el templo esté construído sobre otro anterior, a buen seguro de origen pagano. Ademas, existen dos Vía Crucis, uno del siglo XVII, más discreto pero con profunda devoción popular y otro conocido como el Monumental, muy ornamentado y con inspiraciones célticas y clásicas, construído entre la década de los años 20 y 40 del pasado siglo XX.

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